Revista de Cine Versión Original 209. CULTURA POP

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En 2005, durante la primera edición del Festival Cáceres Pop Art, la organización de este festival quiso conceder unos de los premios pop-eye a la Revista de Cine Versión Original. Y como “es de bien nacidos ser agradecidos”, la revista desea corresponder a aquel reconocimiento con la publicación de este ejemplar dedicado a la contribución del cine a la Cultura Pop. El lector podrá encontrar en esta número las ya habituales recomendaciones, siempre de la mano de reflexiones inteligentes y opiniones originales. Recomendaciones, reflexiones y opiniones que me permito extraer y mostrar como preámbulo de este interesante monográfico.

Aarón Rodríguez, a propósito de la película I´m not there (Todd Haynes, 2007) plantea lo siguiente: “si Dylan se inventó a sí mismo, Haynes tuvo que inventar un cine específico para hablar de Dylan. Y tiene que hacerse con toda la pureza posible, respetando con pasmosa decisión al tipo que escribió Blowing in the wind y que vendió su alma al diablo en un cruce de caminos para salir de la fría noche del folk en Nueva York hasta el inspirado y eremita compositor cristiano que se arrojó con todas sus fuerzas al pop religioso en Slow Train Coming”. Carlos Martín, que comienza su participación en Versión Original seleccionando Regreso al futuro 2 (Robert Zemeckis, 1989), escribe: “Mucha gente tiende a pensar que la cultura solamente se encuentra en los museos, pero la realidad es que continuamente están entrando en nuestras casas decenas de películas, series, canciones y todo tipo de corrientes culturales, más adaptadas al consumo por las masas que las grandes esculturas de artistas clásicos.

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Se trata de la cultura pop, la agrupación de todo lo que caracteriza a la generación que se crió con la MTV, con gente como Madonna y David Bowie, y con las películas de John Hughes”. Daniel Marín nos envía desde Madrid la siguiente reflexión: “Como ha ocurrido con La naranja mecánica, se ha escrito y discutido hasta la saciedad sobre la influencia en el cine de Pulp Fiction (Quentin Tarantino; 1994). Independientemente de su importancia a nivel estrictamente cinematográfico, se ha convertido en un fenómeno que ha trascendido su propio medio. Pulp Fiction existe en nuestra memoria, en cinta de vídeo, disco DVD o BD y archivo digital; también en una inabarcable gama de fetiches que, de una forma u otra, reproducen y multiplican sus imágenes hasta el infinito. No es sólo una ficción. Es la película postmoderna por excelencia, el evento–pop definitivo”. Jesús de la Vega, otro colaborador recién llegado, muestra sus preferencias con la siguiente argumentación: “Para mí Un, dos, tres, al escondite inglés (Ivan Zulueta, 1970), es la película pop definitiva y mi tesis se demuestra porque la película pop por antonomasia de Almodóvar (Laberinto de pasiones, 1982), tiene una clara referencia a la película del director vasco. Me gusta pensar en Almodóvar como el discípulo de Zulueta”.

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José Manuel Rodríguez, con textos cada vez más interesantes, nos invita a viajar con Maria Antonieta (Sofhia Coppola, 2006): “La puesta en escena es quizá el gran matiz innovador de este filme, rodado en los salones y jardines del mismísimo palacio de Versalles. Pero no solo bastó con la obtención de esta impresionante localización sino que se quiso idear una atmósfera de ensueño y de placer en la que la reina bulle entre tejidos deslumbrantes, una banda sonora que oscila entre el estilo neorromántico, las canciones pop-rock y la música electrónica y, además, los dulces y pasteles, que tanto la entusiasmaban. En suma, todo ello conforma una María Antonieta propia del siglo XVIII pero, al mismo tiempo, rupturista y con claras influencias de la estética pop”. José Ramón Otero cambia el rumbo de nuestro viaje cinematográfico con esta proposición: “Las Margaritas (Vera Chytilová, 1966) es una de las películas emblemáticas de “La Primavera de Praga”. Surgió porque a un nivel de vida de los trabajadores en el este más alto que en occidente, se unió una apertura democrática que se tradujo en un margen más amplio de libertad de expresión. Pero en el bloque del este se enfrentaban a la misma vieja moral que en occidente. El placer y el hedonismo eran vistos como desestabilizadores en una sociedad ordenada, la religión también había dejado una honda huella en el socialismo y el sacrificio y la culpa eran pilares del sistema, como lo era, y aún lo es, en sus enemigos”. Lorenzo Ayuso se adentra en el género de terror con Scream. Vigila quién llama (Wes Craven, 1996) y comenta lo siguiente: “En la simplicidad de cada puñalada residía el correctivo contra quienes no habían tomado en serio al género, como una mofa contra la castidad imperante en una sociedad que repudia el gore en la ficción, y a la vez asiste impasible a carnicerías en el mundo real, háyanse denominado estas Unabomber, Columbine, Aurora”. María José Agudo selecciona y recomienda de la siguiente manera: “A ritmo del famoso “Dont’ you” de Simple Minds, canción creada exclusivamente para la banda sonora de este film (escrita por uno de los iconos musicales del siglo XX, David Bowie) comienza El club de los cinco (John Hughes,1985), una cinta ochentera considerada de culto, que pertenece al club de películas que marcan a toda una generación. María Laura Gutiérrez es más contemporánea en su elección: “El desequilibrio emocional de las escenas, el vibrante estallido de colores y sobre todo los diversos elementos violentos y provocadores la delatan. Romeo y Julieta de William Shakespeare (Baz Luhrmann, 1996) es algo más que la más grande historia de amor jamás contada, es la más grande obra pop jamás antes expuesta en un cine. Nacida en la literatura, y ahora encarnizada en la gran pantalla, la obra de Luhrmann es toda una declaración de intenciones pop: desde el espíritu indómito e inconformista de sus protagonistas, hasta la reinvención colorida y melódica de cada una de sus escenas”. Pablo Sánchez apunta lo siguiente desde Gijón: “Primero el cine, porque Scott Pilgrim contra el mundo (Edgar Wright, 2010), nunca deja de ser, en su corazón, una película generacional, un retrato de los jóvenes de hoy con su música, sus aficiones, sus crisis adolescentes y sus dilemas amorosos”. Pedro García Cueto hace su aportación alejándose de la ficción con El último vals (Martin Scorsese,1978): “La escena final de la película refleja el sentido agridulce de la vida, cuando el grupo interpreta acústicamente, en la soledad del estudio, su última pieza, un vals que resuena en nuestros oídos, mientras las luces se van oscureciendo y la grúa se va alejando por el plató solitario”. Pedro Triguero-Lizana se duplica con El submarino amarillo (George Dunning, 1968) -“Film de culto realizado por un maestro del cine de animación, El submarino amarillo es sobre todo un viaje, una experiencia sensorial”- y Dame un poco de amooor…! (José María Forqué, 1968) – “El argumento de este largometraje presenta a Los Bravos bajo la dirección un productor discográfico francés que se alía el líder de una siniestra mafia china”-. Raquel Abad desde Barcelona nos sugiere una interesante película italiana: “Danger: Diabolik (Mario Bava, 1968) es una de las mejores adaptaciones de comic jamás filmadas, que a lo largo del tiempo se ha ido convirtiendo en una cult movie de género y ha ido abriéndose hueco en la cultura perdurando como un film pícaro, imaginativo y con una estética pop muy vistosa”. Y acabamos esta breve revisión del cine popular con la recomendación de Rodrigo Arizaga: “Demasiado extraña para las audiencias comerciales, demasiado comercial para el público elitista, llena de chistes privados y con una continua mezcla de géneros y tonos, El último Gran Héroe (John McTiernan, 1993) fue masivamente ignorada por crítica y público, quienes no supieron discernir a que género pertenecía el film cuando en realidad estaba por encima de todos ellos, proponiendo al espectador y su cinefilia un delicioso juego que nos recuerda que la gente va al cine para entretenerse y, de vez en cuando, a usar el cerebro para hacerlo”.

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