Revista de Cine Versión Original 205. RESTAURANTES

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En la actualidad el vínculo entre los restaurantes y el cine español es una seña de identidad. La calidad de la gastronomía española obliga al mundo audiovisual a fijarse en este fenómeno cultural del que los medios de comunicación internacionales hacen constantemente referencia. Recientemente se ha estrenado en la cartelera de toda España El Bulli: Cooking in Progress, documental dirigido por el alemán Gereon Wetzel que supone un acercamiento directo a las entrañas del prestigioso y celebrado restaurante de Ferrán Adrià –que cerró sus puertas en julio de 2011-. La propuesta del filme, cuyo equipo siguió la actividad de Adrià y los trabajadores del laboratorio-restaurante durante quince meses, es apasionante y logra transmitir muy bien la sensación de estar en las cocinas de la misma forma que si fuéramos un privilegiado espectador invisible de sus procesos. Sin embargo, El Bulli: Cooking in Progress se suma a un grupo de otras películas que tratan el mismo tema, como así son El Bulli, historia de un sueño (David Pujol, 2010), Tetra (Aránzazu Merchán y Ricardo Mateo, 2011), El Bulli, el último vals (Vicenç Asensio, 2011), o la serie de documentales que realizó TVE, compuesta por El Bulli, Aromas de El Bulli y Un día en El Bulli. A estos documentales se le puede sumar una película de ficción basada en el libro Los aprendices de hechicero de Lisa Abend (corresponsal de la revista Time) sobre las peripecias de cuatro “stagiers”, los aprendices que trabajan cada año en El Bulli sin cobrar, sólo a cambio de comida y cama, encargándose de las tareas más duras del restaurante y trabajando cerca de catorce horas diarias. El filme tendrá, al parecer, un presupuesto de cuarenta millones de euros, y se rodará en el propio local, con el equipo de rodaje conviviendo con cocineros y clientes. Pero no solo el Restaurante de Adría, considerado hasta su cierre el más importante del mundo, ha estado en contacto con el mundo del celuloide. El vasco Andoni Luis Aduriz también se embarco en un proyecto audiovisual denominado Mugaritz BSO, un documental dirigido por Juantxo Sardon, donde el músico Felipe Ugarte transforma los platos culinaria y visualmente delicados del donostiarra Aduriz –que dirige el restaurante Mugaritz– en una experiencia musical.

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No acaban aquí las películas relacionadas con los restaurantes españoles, no olvidemos que estamos, según las guías y revistas especializadas, a la cabeza de la gastronomía mundial. En la pasada edición de Madrid Fusión se presentaron cinco documentales, bajo el título Cocineros con vida de película, con los que los espectadores pueden acceder a restaurantes de cinco grandes cocineros, sin duda algunos de los más importantes de España y del mundo: Juan Mari Arzak (“Arzak”), Martín Berasategui (“Martín Berasategui”), Pedro Subijana (“Akelarre”), Hilario Arbelaitz (“Zuberoa”) y Andoni Luis Aduriz (“Mugaritz”). Sin duda algunos de los cocineros más importantes de España y del mundo.

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Por el contrario, Versión Original, ha decidido relacionar los restaurantes con el cine a través de la ficción. Así, Andrés Zaplana nos presenta en Tampopo (Juzo Itami, 1985) “el duro proceso que debe seguir la protagonista para conseguir la perfección en la elaboración de su sopa de tallarines en su destartalado local”; Carmen Lloret nos habla de Chu, la madre de tres hijas que trabajaba “en un restaurante de comida tradicional, donde únicamente acude de vez en cuando como Chez de urgencias” en la cinta de Ang Lee Comer, beber, amar (1994); Estefanía García escribe en su artículo que en el filme Cuando Harry encontró a Sally (Rob Reiner, 1989), después de que Sally (Meg Ryan) pida su ensalada con cincuenta modificaciones, “empieza la escena más famosa de los restaurantes en el cine. Sally comienza a fingir un orgasmo”; Joaquín Vallet hace referencia a los restaurantes de comida rápida donde comienza y termina “una de las obras maestras incuestionables del cine contemporáneo”: Pulp Fiction (Quentin Tarantino, 1994); José Manuel Rodríguez nos sirve la única referencia del cine español, la comedia romántica Bon appétit (David Pinillos, 2010) donde “un joven ambicioso chef vasco rompe la trayectoria lógica de desarrollar su ascendente carrera entre fogones en su tierra y marcha para trabajar en el prestigioso restaurante de Thomas Wackerle en Zúrich”; Lorenzo Ayuso congrega a una pandilla de veinteañeros en torno a los menús de filetes y patatas fritas en un restaurante con sillones de tapicería roja en Diner (Barry Levinson, 1982); María José Agudo elige la que es posiblemente una de las mejores películas sobre gastronomía de la Historia del Cine, Ratatouille (Brad Bird, 2007): “Pixar buscaba reflejar de manera realista y atractiva el mundo de los restaurantes”; María Laura Gutiérrez nos invita al restaurante más sanguinario y atroz de todos los tiempos, al “Titty Twister” de Abierto hasta el amanecer (Robert Rodríguez, 1996); Pablo Sánchez nos aconseja, en su artículo sobre Fast food nation (Richard Linklater, 2005), que restaurantes no debemos visitar: “restaurante de plástico que sirve hamburguesas diseñadas en laboratorio, con olores artificiales y grandes inversiones en marketing”; Un servidor deseaba recordar los restaurantes de carretera de la entrañable y alcohólica Entre Copas (Alexander Payne, 2004); Pedro García comenta la experiencia de Al Pacino en el mundo de la restauración en la comedia americana Frankie y Johnny (Garry Marshall, 1991); Pedro Triguero-Lizana reserva una cena en el restaurante romano “Arturo al Portico” para mostrarnos todos los rincones del mismo, desde su entrada y patio hasta su cocina y almacén en la coproducción ítalo-francesa La cena (Ettore Scola, 1998); Raquell Abad viaja hasta Hamburgo para mostrarnos uno de los más prestigiosos restaurantes franceses de la ciudad en Deliciosa Marta (Sandra Nettelbeck, 2001); y por último Rodrigo Arizaga Iturralde hace referencia al restaurante “Dorsia”, un famoso local de Nueva York, que acaba siendo un macguffin en la película American Psycho (Mary Aarón, 2000).

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Acaso sea el momento, ante tanta ficción gastronómica, ante tantos documentales sobre restauración española, ¿para cuándo una película sobre “Atrio”, unos de los restaurantes más importantes de España, ubicado en un espacio único en el mundo? Situado en el entorno del Casco Histórico de Cáceres, una referencia como Patrimonio de la Humanidad, con un Hotel Relais Château y un Restaurante dos estrellas Michelín, una obra de arte diseñada por los arquitectos Luis M. Mansilla y Emilio Tuñón. Un espacio único de para el arte y la vida, un momento detenido de la contemporaneidad, un deleite para los sentidos.