Revista de Cine Versión Original 215. La libertad

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Es posible que en no mucho tiempo, del mismo modo en que hoy disfrutamos con benevolencia de las películas clásicas de ciencia ficción, aquellas en las que el futuro se imaginaba con los contornos adorables de lo esperado y nunca acontecido, encontremos en las cintas de nuestros días una versión de la libertad (de las libertades) que nada tenga que ver con los derechos que disfruten quienes las vean. Y es posible que algunos de los logros alcanzados parezcan, con la paulatina desaparición de derechos, también ingenuas anticipaciones de lo porvenir. Es posible, en fin, que entendamos algunas de estas películas como una arqueología del presente, de lo que pudo haber sido, como una ciencia ficción retrospectiva. No es descartable que algunos de los derechos de los que hoy gozamos se recuerden, dentro de algunos años, como algo de película. Mientras tanto, nuestro compromiso con la libertad, con la libertad de expresión en esta revista, con los derechos sociales en el ámbito de la cooperación con Brasil y Perú, y ahora con la libertad creativa a través de la Escuela de Letras de Extremadura, se ha visto reforzado con los textos que este número de Versión Original propone, asedios originales a una idea tan amplia como imprescindible: la libertad en el cine.

Pedro García Cueto elige una película donde el deseo de liberar a un pueblo se convierte en epopeya, la cinta fascinante de David Lean, Lawrence de Arabia (1962). Teresa Llácer encuentra en Espartaco el eco de denuncia a un sistema americano represivo y déspota. Juan Carlos Hidalgo recuerda a Bobby Sands en la versión final de su vida, filmada por el director londinense Steve McQueen en Hunger. Pedro Triguero Lizana recuerda al solitario vaquero interpretado por Kirk Douglas en Los valientes andan solos, aferrado a una libertad y una vida tan anacrónica como fascinante. Pablo Sánchez Blasco acompañará el viaje hacia la libertad del joven Chris McCandless, protagonista de Hacia rutas salvajes. Rodrigo Arizaga rescata una película, El tren del infierno, insólita en su género y en su factura final, de absoluta libertad creativa. María Vaquero selecciona una cita representantiva de la Nueva Ola Rumana, 4 meses, 3 semanas, 2 días, pero representativa sobre todo de la ausencia de libertad en la Rumanía de Ceaucescu. Laura Maza insiste en cómo Tarantino logra superar la referencia para erigirse plenamente libre en su creación con Django Desencadenado; Carmen Lloret recrea una película española que sitúa la búsqueda desesperada de la libertad en un contexto complejo y contemporáneo, las Libertarias de Vicente Aranda. Daniel Marín encuentra en El fantasma de la libertad, de Buñuel, una provocadora y al tiempo encantadora subversión del orden social. Y siguiendo con Buñuel, Luis D. Rivero elige El ángel exterminador, mucho más que una simple historia, casi una fábula universal. Lorenzo Ayuso sigue el punto de fuga en el que todas las rectas del horizonte converjan en el infinito, la nada, que aparece en el viaje sin fin de Punto límite: cero, fundiendo espacio y tiempo. Manuel García León se atreve con Profesor Lazhar: libertad para elegir el país en el que vivir (en paz), libertad para elegir el momento de dejar de vivir en cualquier país, y Joaquín Vallet hace visible el cine con contenido político: La batalla de Argel de Pontecorvo pone en tela de juicio la manera en que un conflicto desemboca en una cruenta guerra donde impera el «todo vale». María Laura Gutiérrez se acerca con otra mirada al Click que protagoniza Adam Sandler, y encuentra el más trágico retrato del ser humano y la libertad de elección, un ejercicio que también realiza Carlos Martín con El Club de la Lucha, y encuentra en su protagonista a alguien que quiere ser libre de todas las ataduras superficiales de la sociedad y, además, que nosotros también lo seamos. Joaquín Torán llega, de forma natural y al tratar la libertad, a La gran ilusión de Renoir, que interpreta como un alegato que trata de la nostalgia por un mundo que no regresará jamás. Por último, Francisco J. Millán y Raquel Abad cierran el número con una nota sobre Braveheart (1995), desde la deriva independentista de Escocia a la aureola romántica de justiciero del pueblo que su protagonista, gracias al guionista Randall Wallace, consigue. Libertad y libertades, por tanto, en el cine, y en la vida. Sobre todo en la vida.

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