Revista de Cine Versión Original 220. Accidentes

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Celebramos el veinte aniversario de Versión Original desde hace varios números y con el mismo ánimo; en esta ocasión, con un breve estudio sobre los “Accidentes en el Cine” que, si atendemos a nuestro tiempo y las dificultades por las que atravesamos, quiere ser tanto un repaso al tema como un conjuro ante los obstáculos que encuentran quienes se dedican a la difusión de la cultura: diecisiete artículos interesantes, algunos fantásticos, que recomiendan películas estupendas, algunas sublimes, basadas en sucesos que generan daños irreparables o incluso la muerte. La vida misma.

El joven y talentoso Lorenzo Ayuso recomienda una película española, donde un incendio provocado consume la vida de María (Dafne Fernández), hija de Modesto (Antonio Resines), en el genial thriller La Caja 507 (Enrique Urbizu, 2002). El debutante Alejandro González escribe sobre la interesante La habitación del hijo (La stanza del figlio; Nanni Moretti, 2001), donde el hijo del psiquiatra protagonista, encarnado por el propio Moretti, muere de forma repentina en un accidente de submarinismo. El profesor Andrés Zaplana también insiste en la perdida del hijo, pero en esta ocasión como consecuencia de un percance automovilístico en Accidente sin huella (Que la bête meure; Claude Chabrol, 1969), “una de las películas más trágicas y dolorosas del realizador francés”. Miguel Olid elige otro accidente de tráfico inesperado que hace que el destino de tres personajes se crucen en una historia de amor y venganza: 21 gramos (21 grams; Alejandro González Iñárritu, 2003). La sólida pluma de Pedro Triguero-Lizana dirige hacia una fascinante obra de Herk Harvey, El carnaval de las almas (Carnival of Souls, 1962): “Estamos ante un ejemplo perfecto de película de culto, que merece esa categoría, y que ha quedado como el único largometraje de ficción de su director, un cineasta muy poco conocido que realizó un film de horror existencial que serviría de estímulo a posteriores cineastas norteamericanos como David Lynch, o Tim Burton, o como George A. Romero”. El veterano José María Santiago opta por otra película española donde de nuevo un suceso en la carretera desencadena múltiples e inesperadas consecuencias: hablamos de la consagrada Muerte de un ciclista (Juan Antonio Bardem, 1955). María Vaquero se detiene en Weekend (Week-end; Jean-Luc Godard, 1967), donde los coches en movimiento y los accidentes en carretera proyectan una sombra de duda sobre la sociedad burguesa de consumo. Luis D. Rivero se interna en el universo de David Cronenberg en otra crítica a la sociedad tecnológica: “Crash (1996), como muchas de sus películas, terminará por ser un viaje (accidentado) al corazón de la enfermedad mental”. José Manuel Rodríguez presenta como el accidente de moto de Lisa (Enma Suárez) puede cambiar la desdichada vida de Jota (Nancho Novo) en una extravagante mentira dirigida por Julio Medem: La ardilla roja (1993). María José Agudo recuerda que el accidente por el derrumbe en una gruta es el punto de partida de la despiadada carrera periodística de Charles Tatum (Kirg Douglas) en El gran carnaval (The big carnival o Ace in the hole, 1951), producida y dirigida por el genial Billy Wilder. Miguel Bravo Vadillo selecciona un clásico memorable donde el protagonista, tras sufrir un accidente, ve reducir su tamaño progresivamente en una constante lucha por sobrevivir: El increíble hombre menguante (The Incredible Shrinking Man; Jack Arnold, 1957). Francisco Mateos es más contemporáneo en su elección: El Protegido (Unbreakable; M. Night Shyamalan, 2000) arranca con un accidente ferroviario que hasta el final no sabremos que había sido provocado. Un accidente en el periodo de gestación de una artista de circo es el origen del dramático nacimiento de El hombre elefante (The Elephant Man; David Lynch, 1980), película admirada por Pedro García Cueto. El incansable Daniel Marín sorprende con un accidente de la naturaleza y nos invita a ver un espécimen único: The Host (괴물, Gwoemul; Bong Joon-ho, 2006). La opción de Laura Maza es una obra de Sam Raimi, Arrástrame al infierno (Drag Me to Hell, 2009), donde la maldición dirigida por venganza provoca que alrededor de la vida de una persona se sucedan múltiples accidentes. El mejicano Julio Cedillo muere a causa de un disparo al aire de un agente en la frontera con Estados Unidos y es enterrado, primero, en el desierto del oeste de Texas, después en un cementerio local y por tercera vez, su mejor amigo lo entierra en un lugar donde el difunto le habló en varias ocasiones; no es otra que Los tres entierros de Melquiades Estrada (The three burials of Melquiades Estrada; Tommy Lee Jones, 2009), película distinguida por Pablo Sánchez. Y, por último, un accidentado rodaje, el de Terry Gilliam en una versión de “Don Quijote de la Mancha”, fielmente reflejado por el documental que destaca Rodrigo Arizaga: Perdidos en La Mancha (Lost in La Mancha, Keith Fulton & Louis Pepe, 2002). Que disfruten con la lectura.