Revista de Cine Versión Original 222. El placer

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Es un placer trabajar en Versión Original. Es tan agradable ofrecer a jóvenes desconocidos la posibilidad de publicar sus primeros textos y ver cómo evolucionan en la redacción, cómo adquieren con la práctica el dominio del lenguaje y la crítica cinematográfica que es la base de la revista. Es una gozada compartir con la familia y los amigos un proyecto tan singular en el ámbito de las publicaciones culturales españolas. Resulta una diversión constante trabajar en la selección de temas, contenidos y estrategias. Vivo como un entretenimiento continuo la lectura de artículos y visionado de películas. Y una verdadera satisfacción luchar por mantener esta publicación contra de todas las adversidades económicas, culturales e institucionales.

Todo el mundo sugiere -e incluso las administraciones públicas cuando retiran la ayuda- que cambiemos la publicación en papel por una edición digital, para abaratar costes y reinventar así su modo de financiación y distribución. Sin embargo, la lucha por mantener el formato de esta revista de cine genera satisfacción, quizás porque ya no tenemos redaños para luchar y protestar contra la falta de “solidaridad” de esta sociedad. Como si la perseverancia por conservar el papel fuera la única posibilidad de pelear contra lo inevitable y, esta brega, aliviara un poco la rabia contenida por la falta de compromiso social de los políticos.

Una edición digital no sería lo mismo: el placer de tocar todos los meses el trabajo desinteresado de tanta gente se esfumaría. Nos parece importante, crucial, saber que estamos apoyando con nuestra labor (esta es la “solidaridad” de la que hablaba) a empresas con dificultades (imprenta, encuadernadora, distribuidora, librerías…), y quizás contribuir a que algún empleado de estas empresas no ingrese en la maldita lista del paro. Sin olvidar que la venta de Versión Original puede aliviar levemente -la situación económica no da para más- las desigualdades sociales (la venta de Versión Original en 2014 se destinará a un proyecto de Ayuda en Acción, con el deseo de que los niños y niñas en España crezcan con las mismas oportunidades).

Yo, al menos, voy a darlo todo con el apoyo de colaboradores y lectores de Versión Original. Y en esta pelea quiero disfrutar de lo lindo, como he disfrutado con la lectura de los textos que completan este monográfico sobre “El placer en el Cine”. Alejandro González Clemente nos recomienda Pleasantville (Gary Ross, 1998) donde dos hermanos son teletransportados mágicamente al mundo ficticio de un pueblo apacible y conservador, llegando a ejercer sobre ellos una gran influencia y ayudándoles a descubrir los placeres de la vida. Raquel Abad Coll escribe sobre Cheri (Stephen Frears, 2009) siguiendo las vicisitudes amorosas de un joven de 19 años, que acaba de entrar en una etapa de hastío, en la que los excesos y placeres sin fin vividos hasta entonces, ya no le estimulan. María Laura Gutiérrez Jiménez se fija en la vida alocada y placentera de Arthur, el soltero de oro (Arthur; Jason Winer, 2011) que tendrá que cambiar si quiere recibir una importante herencia. Francisco Mateos Roco reflexiona como “el ser humano, que, yendo más allá de lo necesario para alcanzar un estado de bienestar, se embarcó en una vorágine de consumismo desmedido que agotó los recursos del planeta” en la genial WALL·E: batallón de limpieza (WALL•E; Andrew Stanton, 2008). Pedro García Cueto se centra en el placer carnal en la extraña e inquietante Il Casanova (Federico Fellini, 1976). Los conspiradores del placer (Spiklenci slasti; Jan Švankmajer, 1996) es la película seleccionada por Daniel Marín donde sus protagonistas dan rienda suelta a sus inimaginables placeres carnales. José Manuel Rodríguez Pizarro incluye la única producción española en este monográfico: Lucía y el sexo (Julio Medem, 2001) explora en profundidad la relación íntima de una joven pareja donde el sexo y la obtención de placer juegan un papel primordial. Lorenzo Ayuso selecciona una producción británica de un realizador catalán: Las hijas de Drácula (Vampyres; José Ramón Larraz, 1974), una película sobre la búsqueda eterna del éxtasis. Marco Antonio Núñez cierra el capítulo del placer carnal con la interesante Shame (Steve McQueen, 2012), donde un apuesto treintañero neoyorquino parece sufrir con su agitada vida sexual. Pedro Triguero-Lizana se acerca al placer de la comida, sin alejarse del sexo, en La gran comilona (La grande bouffe/La grande abbuffata; Marco Ferreri, 1973). Miguel Olid insiste en relación de la gastronomía y la pasión, salvando las distancias, en la galardonada película mexicana Como agua para chocolate (Alfonso Arau, 1992). Rodrigo Arizaga, sin alejarse de la cocina, nos aconseja la película danesa El festín de Babette (Babettes gæstebud; Gabriel Axel, 1987). Tomás Loyola Barberis se fija en una película de reciente estreno donde el porno es el placer del protagonista: Don Jon (Joseph Gordon-Levitt, 2013). Y un servidor realiza su pequeña aportación con El dilema (The insider; Michael Man, 1999), sobre el placer de fumar. Que disfruten con la lectura.