Revista de Cine Versión Original 225. Negocios

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Negocios, son sólo negocios. Pese a que el cine nos había advertido una y otra vez que los negocios tienen dos caras, una heroica, que se preocupa por los demás y en la que los beneficios son sólo un medio para el desarrollo de la sociedad y la satisfacción de su promotor, y otra perversa, que hace del dinero un fetiche y de la deshonestidad (aunque aparezca bendecida por todas las iglesias) un código de conducta, parece que no hemos atendido a cada una de esas películas, muchas presentes en los artículos de este número de Versión Original: basta echar un vistazo a nuestro entorno, al paso de los últimos años, o leer las declaraciones de muchos líderes políticos, defensores de los pocos que con su codicia han conseguido una sociedad invertebrada en la que las primeras víctimas son también los empresarios honrados.

Todos, salvo unos pocos, somos las víctimas. Otras veces hemos hablado de algunas carencias clamorosas de nuestra sociedad (de nuestra sociedad extremeña, si queremos): la falta de apoyo a la cultura, la ausencia de mecenazgo, el desprecio por la iniciativa privada si no se ajusta a los intereses de quienes nunca participaron de la sociedad civil, quienes nunca han emprendido nada, quienes en la práctica nunca han trabajado… pero hoy, en este número, centramos nuestra mirada en el resultado de esas políticas, vistas a través del prisma de la imagen cinematográfica, pero siempre entendida desde el presente, desde los acontecimientos que conforman esa película de nuestra vida en ocasiones tan dura.

El mundo de los negocios no debería estar vinculado a algo tan negativo. El hecho de que alguien genere puestos de trabajo y ofrezca servicios necesarios para la sociedad no debería ser una acción que produzca recelo alguno. No se tiene que relacionar el desarrollo económico con la falta de escrúpulos; pese a ello, ni la reforma Laboral, ni los sucesivos recortes del Estado de Bienestar (y, ahora, los derechos individuales) parecen confirmar mis palabras. Detrás de algunas de estos comportamientos aparecen algunos personajes conocidos, los que con otros rostro, quizás, protagonizan las películas que hoy presentamos. Así, el retrato de un arribista que hace Costa-Gavras en su nueva película El capital (Le capital, 2012) es, aunque en tono satírico y despiadado, absolutamente real. La historia que ahora cuenta este comprometido cineasta se une a la nómina de películas que han retratado los salvajes métodos del mundo de los negocios y las finanzas. Algunas de ellas se recomiendan en este estudio, como Wall Street (Oliver Stone, 1987) de José Manuel Rodríguez, Inside Job (Charles Ferguson, 2010) de Miguel Olid, Network, un mundo implacable (Sidney Lumet, 1976), Up in the air (Jason Reitman, 1999) de Raquel Abad y Fco. Javier Millán, Un domingo cualquiera (Oliver Stone, 1999) de Rodrigo Arizaga, Recursos humanos (Laurent Cantet, 1999) de Andrés Zaplana, El lobo de Wall Street (Martin Scorsese, 2014) de María José Agudo, ¡Qué Dilema! (Ron Howard, 2011) de María Laura Gutiérrez, Mátalos suavemente (Andrew Dominik, 2012) de Daniel Marín, Traffic (Steven Soderbergh, 2000) de Alejandro González, El salario del Miedo (Henri-Georges Clouzot, 1953) de Luis D. Rivero, Odio entre hermanos (Joseph L. Mankiewicz, 1949) de Francisco Mateos, En un mundo libre… (Ken Loach, 2007) de Pedro Triguero-Lizana, Clerks 2 (Kevin Smith, 2006) de Carlos Martín y El caso está cerrado, olvídelo (Damiano Damiani, 1971) de Lorenzo Ayuso. Que disfruten de la lectura.

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