Revista de Cine Versión Original 227. Asesinos primera parte

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El Diccionario etimológico del español de Joan Corominas y José Antonio Pascual nos informa que el término “asesino” proviene del árabe “ḥaššāšīn”, cuyo curioso significado quiere decir “adicto al hachís”. Según recogen múltiples crónicas, los nizaríes (secta militar chiita) eran adictos al hachís (de ahí que se les aplicase el sobrenombre de ḥaššāšīn) pero sobre todo pasaron a la historia por llevar a cabo una actividad cuyo fin era acabar con la vida de reyes, miembros religiosos, militares y políticos de la época. El término comenzó a popularizarse como sinónimo del acto de quitar la vida a alguien, pero específicamente a personajes importantes e ilustres, a pesar de que hoy en día las palabras “asesino”, “asesinar” y “asesinato” se aplican a aquel que quita la vida a alguien, sin importar la relevancia de la víctima.

Los asesinos han estado presentes desde el origen de la humanidad: asesinos civiles, militares y servidores del Estado. Sólo hay que investigar un poco para conocer estudios, clasificaciones y hasta un Top Ten de asesinos en serie. Hay listas interminables de asesinos desde el siglo I, la mayoría con detalles morbosos con un ranking de liquidaciones masivas. Toda esta información, junto al interés de los seres humanos por la muerte (y por la vida) tiene algo de fetichismo natural, lógico, genético. Prueba de ello son las películas que consumimos, donde la crueldad es la fuente de interés que nutre su éxito, las novelas negras a las que nos aficionamos o las noticias que difunden los medios de comunicación explotando su contenido morboso para aumentar las audiencias. Y todo esto hace que los “Asesinos en el Cine” sean, por el número de películas realizadas, comparables a un género cinematográfico; a los títulos basados en asesinos reales hay que sumar producciones sobre asesinos ficticios, completando un catálogo inmenso de películas donde están presentes verdaderas obras maestras.

Es tan importante el número de referencias cinematográficas que Versión Original publicará dos entregas de “Asesinos en el Cine”: Asesinos (1ª parte) en junio y Asesinos (2ª parte) en julio. En esta primera parte Carlos Martín nos recuerda los asesinatos salvajes de Patrick Bateman (Cristian Bale) en American Psycho (Mary Harron, 2000); David Felipe Arraz comienza su colaboración en esta revista recomendando la interesante película Una llamada a las doce (J. Lee Thompson, 1965) donde un asesino persigue una fortuna; Fernando Cid Lucas selecciona la inclasificable Onibaba (Kaneto Shindô, 1964) donde las asesinas son la madre y esposa de un guerrero en el Japón medieval; María Vaquero nos deleita recordando El bosque del lobo (Pedro Olea, 1970) con la increíble interpretación del añorado José Luis López Vázquez; Marta Alvarado inicia su participación en Versión Original fijándose en un antropófago asesino: Antonio de la Torre en Canibal (Manuel Martín Cuenca, 2013). Y más: Francisco Mateos Roco elige una pareja asesina muy singular en Turistas (Ben Wheatley, 2012); Pedro García Cueto rememora a unos de los primeros asesinos de la gran pantalla: Peter Lorre en M, el vampiro de Düsseldorf (Fritz Lang, 1931); Pedro Triguero-Lizana prefiere la propuesta gamberra y asesina de La novia de Chucky (Don Mancini, 1998); Ramón Alfonso vuelve a la revista con el asesinato de una joven modelo en El testigo (Jean-Pierre Mocky, 1978); Raquel Abad Coll y Fco Javier Millán nos muestran a un asesino sicópata en la obra de culto del cine británico Nervios Rotos (Roy Boulting, 1968); Rodrigo Arizaga se queda con las violentas andanzas de Woody Harrelson y Juliette Lewis en Asesinos natos (Oliver Stone, 1994) y José Manuel Rodríguez cierra este primer capítulo con Monster (Patty Jenkins, 2003), película en la que Charlize Theron logró un Oscar por su interpretación de una prostituta que fue ejecutada en el estado de Florida por asesinar a seis personas. Que disfruten de la lectura.