Revista de Cine Versión Original 228. Asesinos segunda parte

Celos es el título de una película dirigida por Vicente Aranda que se estrena el 3 de septiembre de 1999. Aranda se sirvió de una noticia trágica, la de unos amantes que parten en busca de un antiguo amor para asesinarlo, y con esos mimbres teje una obsesiva historia que cuenta la relación atormentada entre dos personajes, un camionero interpretado por Daniel Giménez Cacho, y su pareja, que interpreta Aitana Sánchez-Gijón. Celos no es, desde luego, la obra maestra que fue Amantes, ni tampoco tiene el magnetismo de otros de sus trabajos mayores, como Intruso o Fanny Pelopaja, pero resulta ser, como es siempre el mejor cine de Aranda, una película con carga de profundidad que deja poso, un regusto amargo, por el asesinato de la mujer protagonista a manos de su pareja, en una bellísima y estremecedora escena final.

Asesinos de mujeres han existido siempre, como lo fue el zar Pedro I El Grande, al conocer la infidelidad de su amante, Lady Hamilton, mandó que le cortaran la cabeza. Sin embargo, seguía tan enamorado de ella que la conservó en un frasco de alcohol que guardó en su dormitorio durante años, como muestra de posesión y aviso para todas las mujeres que compartieran su cama, lo que no le evitó otra infidelidad, la de su segunda mujer, Catalina (que le sucedió como Catalina I). Esta vez cambió de táctica. Ordenó que el decapitado fuese el rival, y su cabeza la que acabó en un frasco de cristal que colocó en el dormitorio de su esposa.

La preocupación social ha crecido en estos años por los múltiples asesinatos, 700 en la última década en España, producidos dentro del hogar y que tienen como víctima a la mujer. Aunque esta forma de dominación masculina no es nueva, buena parte de la sociedad observa con espanto estos actos, que antes se ocultaban e incluso se toleraban. De hecho, tan enraizada está la violencia sobre las mujeres en nuestra cultura que el propio Diccionario de la Lengua Española (vigésima primera edición) define la ‘violencia’, en su cuarta acepción, como la “acción de violar a una mujer” (DRAE 1997: 2093). De este modo, de los muchos actos posibles de carácter violento, destaca uno -la violación- perpetrado sobre un único sexo, la mujer. Enero de 2014 podría pasar a la historia como el mes más trágico en la última década en España: en sólo dos semanas, seis mujeres perdían la vida, víctimas de lo que ahora se denomina violencia de género: un lastre para esta sociedad que no debemos permitir.

En esta segunda parte que dedicamos a los “Asesinos en el Cine” no vamos a recomendar películas relacionadas con la violencia de género. Sí en cambio un negativo de culto como El fotógrafo del pánico (Michael Powell, 1960), propuesta de Luis D. Rivero, donde un psicópata, interpretado por el actor y activista humanitario recientemente fallecido Karlheinz Böhm, fotografía a sus víctimas mientras mueren; un sangriento musical recomendado por Tomás Loyola donde un barbero asesino apura demasiado su navaja de afeitar: Sweeney Todd (Tim Burton, 2007); una obra de Atom Egoyan protagonizada por un cincuentón asesino en serie y una adolescente embarazada, El viaje de Felicia, sugerencia de Andrés Zaplana; una violenta y sangrienta película de serie B que Lorenzo Ayuso acertadamente introduce en este estudio sobre los asesinos: Soldado Universal 4: El juicio final (John Hyams, 2012); la interesante reflexión de Alejandro González Clemente sobre la conexión entre dos grandes cintas protagonizadas por asesinas: Jeanne Moreau en La novia vestía de negro (François Truffaut, 1967) y Uma Thurman en Kill Bill (Quentin Tarantino, 2003); una obra maestra como El silencio de un hombre (Jean Pierre Melville, 1967), la historia de un hermético y frio asesino a sueldo interpretado magistralmente por Alain Delon que ensalza Marco A. Núñez; la advertencia de Daniel Marín sobre una película coreana donde un psicópata asesina chicas con métodos difíciles de imaginar: Encontré al diablo (Kim Jee-woon, 2010); la comedia Los asesinatos de mamá (John Waters, 1994) es la elección de María José Agudo, en la que una madre (estupenda Kathleen Turner) asesina sin reparos a quien se le ponga por delante; Detrás de las paredes (Jim Sheridan, 2011), la propuesta de terror de María Laura Gutiérrez que se convierte en una inquietante búsqueda de un asesino; el impactante documental The Act of Killing (Joshua Oppenheimer, 2012) aconsejado por Pablo Sánchez Blasco sobre el genocidio en Indonesia ordenado por el general Suharto; el clásico El beso de la muerte (Henry Hathaway, 1947) donde Richard Widmark borda el papel de un psicópata asesino, invitación de Paco Martín Camacho; el aviso de Luis Sáez Jiménez sobre el ficticio viaje de Jack el Destripador en la máquina del tiempo de H. G. Wells en Los pasajeros del tiempo (Nicholas Meyer, 1979); la simpática comedia donde un magnífico elenco de grandes actores intentarán resolver el enigma de un asesinato para ganar un millón de dólares, Un cadáver a los postres (Robert Moore, 1976), propuesta de Daniel Ponte; y la recomendación de Francisco Mateos Roco, Contraté un asesino a sueldo (Aki Kaurismäki, 1990), donde un hombre sin ganas de vivir contrata a un asesino a sueldo para que acabe con su vida, ya que él carece de valor para hacerlo. Que disfruten de la lectura.