Revista de Cine Versión Original 237. La Belleza

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EL CINE ESPAÑOL QUE LO SOSTIENE TODO

Por José María Clemente. Periodista que un día recogió un San Pancracio

Sí, amigos: yo un día recogí un San Pancracio del Festival Solidario de Cine Español de Cáceres. Lo digo con orgullo, con tono de niño repipi y con la cabeza bien alta (bueno, a unos 1,75 del suelo). Era un San Pancracio para el programa “Tentaciones” de CANAL+, pero lo recogí yo junto a su presentadora Cristina Teva. No pretendo dar envidia (o no demasiada), sino transmitir una pequeña parte de lo que este premio significa.

 Antes de nada, debo aclarar que estas líneas que escribo son espontáneas, sinceras, propias, independientes y voluntarias (voluntarias para mí, quienes editan la revista han sido presionados sin elegancia alguna por mi parte para que las publicaran). Mis opiniones y sensaciones son personales e intransferibles, aunque estoy dispuesto a compartirlas, debatirlas e incluso cambiarlas. Como decía Groucho, “estos son mis principios, pero si no les gustan tengo otros”. Aunque algunos de los míos, lo anticipo, son inamovibles.

 Ser invitado al Festival Solidario de Cine Español de Cáceres y recibir un San Pancracio por sorpresa durante la ceremonia de clausura es como si Scarlett Johansson te invita a pasar una noche con ella y a la mañana siguiente te da un premio. ¡Pero si venir al Festival (o pasar una noche con Scarlett) es ya un premio! Y créanme que esto no es un cumplido, pregunten a Raúl Arévalo, Javier Cámara, Elena Anaya, Malena Alterio, Bárbara Lennie, Julián Lopez… gente que una vez vino al festival y se enamoró de él para siempre, como quien se enamora de la falda de Marilyn, del cigarrillo de Audrey o del guante de Rita.

 Nuestro premio se llama “Pasión por el cine”. A mí, que lo más parecido a un San Pancracio que he sujetado en mi vida es un San Jacobo que tenemos Teresa y yo en el congelador, me parece el premio más bonito que nos pueden dar: recompensar tu pasión por el cine, la del programa “Tentaciones”. Admiro a la gente que se subió al escenario a entregar y a recibir premios, desde los showmen Florentino Fernández y Julián López hasta los entregadores Daniel Holguín, Verónica Echegui, Estefanía de los Santos, Santiago Tabernero, Malena Alterio, Jose Coronado; y por supuesto los premiados Montse Sancho, Álex García, Mariam Bachir, Beatriz Sanchís, Jon Garaño, Raúl Árevalo, Bárbara Lennie, Santiago Segura. Los admiro por razones cinematográficas y también por saber transmitir en un discurso su agradecimiento y emoción. No es algo fácil. Cristina Teva dijo unas palabras breves y sabias, pero yo esbocé un speech delirante en el que me acordé hasta de Miguel Poveda en los Goya. Qué le vamos a hacer, si querían un discurso memorable que hubieran premiado a Mariló Montero.

 Por eso, les doy mi permiso para pasar rápido los siguientes párrafos, como cuando en los Oscar salen a dar las gracias los cortometrajistas. Porque ahora, con más tiempo, más espacio y sin unos zapatos que me aprieten, puedo apostillar que cuando compartimos ese San Pancracio con el equipo de Tentaciones nos referíamos a David Martos, Laia Portaceli, Raquel Santos, Ruth Mediodía, Elena Pascual, Sole Cobos, Carlos García, Montse Jerez, Inma de Blas, Jeremías Diego, Alfonso González, Guillermo de Mulder, Miguel Balanzategui, Ruth González, Coté López, Alfonso Valladolid, Claudia Alfaro, Carlos Marañón… y con la gente que nos ayuda y ha pasado en algún momento por el programa, como Isabel, Esther, Marta, Miguel, Susana, Carlota, Eduardo, Jaime, Antonio, Alan, Nacho, Alberto, Gabi… Y a Jorge Ortiz, porque todo premio que recibamos, aunque salga de un huevo Kinder, habrá salido antes de su cabeza. Y a nuestros estilistas, maquilladores, peluqueros, equipo técnico, etc. etc. etc. Y especialmente a los que no se sientan mencionados por falta de espacio o por amnesia. Tenemos el San Pancracio en un altar, y todos los lunes le cambiamos el perejil.

 Hasta aquí habríamos compartido, no agradecido. Porque el tamaño de mi agradecimiento no cabe en esta revista (qué bueno conoceros a quienes la elaboráis). La labor que hace Paco Rebollo y la fuerza y bondad que transmiten tanto él como su proyecto solidario no se pueden explicar con palabras, y mira que últimamente cruzamos unas cuantas. O la de Tinti Rebollo, ese número dos que tantos eventos querrían como número uno. Y la de Laura González, la mejor embajadora del festival, de la ciudad, del cine, de lo que ella quiera. O el cariño y la hospitalidad que transmite la gente que rodea el Festival, Daniel Holguín, Alicia, Javier, Teresa… Con ese Jurado que te mima durante unos días como si el Festival fuera su casa: Majós, Jose Coronado, Santiago Tabernero, Paz Sufrategui, el esta vez ausente Eduardo Noriega… Y Julián López, un pirámide que hace unos años me habló del Festival avisándome de que me enamoraría de él (del Festival) y al que le agradezco tanto su labor de Cupido que algún día tendré que invitarle a un tartufone. Él ya sabe. Y a Paco Rebollo, cuya labor y bondad… (oh perdón, he entrado en bucle).

Supongo que la organización del Festival de Cáceres sabe que “Pancracio” significa, entre otras cosas, “el que lo sostiene todo”. El premio que otorga el Festival no podía tener un nombre más apropiado, porque si su lema es “ver cine español ayuda”, yo añado: ayuda y sostiene. Para empezar, 7.843 cacereños han dejado este año 35.390 € que serán destinados a fines benéficos a través de Ayuda en Acción y Cruz Roja. Ambas cifras suponen un récord para el certamen, del que todos debemos sentirnos orgullosos (corregidme si me equivoco al decir que es el único festival de cine en España con esta vocación).

 Pero esta ayuda y este sostén (con perdón de la expresión) no deberían extrañarnos. En el año de la asfixiante subida del IVA, el cine español ha aportado a las arcas del Estado mucho más dinero del que ha recibido. Sí amigos, los eternos “subvencionados” del cine (cuántas cosas habría que desmentir de esta maliciosa leyenda urbana) nos subvencionaron un poquito a todos el pasado año. Ver cine español ayuda en todas partes, y en Cáceres un poquito más.

Entonces, si el cine ayuda y sostiene, ¿por qué el Festival recibe cada año menos apoyo público? ¿Por qué en el año de su recaudación récord, una vez descontados los gastos, el Festival va a tener que donar menos dinero a los proyectos solidarios con los que colabora? ¿Por qué las autoridades no ven que el Festival, la gala, los artículos de prensa que generan, los reportajes que luego hacemos los de la tele… son un magnífico escaparate, un estupendo anuncio y una formidable promoción de la ciudad? ¿O sí que lo ven, pero miran hacia otro lado? ¿Por qué no contabilizan las veces que la palabra “Cáceres” aparece en los medios durante las semanas que dura el Festival? ¿Por qué un certamen benéfico de cine español no es mirado con los mejores ojos, sino con unas lentes equivocadas? ¿Por qué las instituciones no se suman ilusionada y descaradamente a esta fiesta de la cultura y la solidaridad? Yo no lo entiendo, no lo puedo entender. Se lo tendré que preguntar al Festival y a Paco Rebollo, que seguramente me remitan a las autoridades. A las que, más que preguntar, el cuerpo me pide animar, invitar, empujar a participar… De verdad que ver cine español ayuda y sostiene, señores (o Señorías).

 P.D: Me dicen que el número de este mes está dedicado a la belleza. Ya les he dicho que por el escenario del Gran Teatro pasaron Mariam Bachir, Bárbara Lennie, Malena Alterio, Cristina Teva, Verónica Echegui… Creo que también me pareció ver a algunos chicos guapos. ¿No les parece suficiente belleza?