V.O 284. EL SACRIFICIO

Ayer fui a un concierto del músico y compositor Leiva. Me sorprendió su alucinante espectáculo de imagen y sonido. 

“Superpoderes” fue uno de los temas que interpretó de su último disco, comienza con estas rotundas cuatro frases: “Ella tiene superpoderes / Lo lleva en la frente / Ella quiere ser de este mundo / Lo ha querido siempre”.La canción me recordó lo importante que es continuar reivindicando la libertad sexual a través de la música, de la literatura y del cine. Tenemos que seguir luchando por las personas a las que su propia existencia les supone un sacrificio. En el mundo hay alrededor de setenta países que criminalizan las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo,y en ocho de ellosser gay o lesbiana puede costar la vida.El último informe “Homofobia de Estado” de la Asociación Internacional de Lesbianas, Gais, Bisexuales, Transexuales e Intersexuales señala que la criminalizacióndeestos colectivos se extiende por buena parte de Europa Oriental, Asia, África,con la excepción de Sudáfrica, Seychelles y Cabo Verde, ytambién por parte de Centroamérica y deAmérica del Sur.Además, aunque no son perseguidos por la ley, en muchos lugareslos homosexuales síson objeto de rechazo social, de discriminación e incluso de acoso.Entre los países que reconocen los derechos de los homosexuales solo nueve (Malta, Noruega, Reino Unido, Bélgica, Francia, Dinamarca, Finlandia, Portugal y España) contemplan específicamenteen sus constitucionesla no discriminación por razones de orientación sexual,si bien, en los últimos tiempos estamos asistiendo al resurgimiento de opiniones bastante preocupantes por parte depolíticos europeos de ultraderecha. En concreto,en España se han llegado a escuchar declaraciones de dirigentes de un partido reaccionario que, desenterrando mensajes ignorantes y ofensivos, propugnan que se reconozca el derecho de los progenitores a imponer una solución terapéutica a aquellos de sus hijos menores que manifiesten una orientación homosexual, que se les autorice a generarles un trauma por una inclinación que ha de vivirse con normalidad y, en definitiva, que se legitime la facultad de tratar como una enfermedad a una atracción y a una condición humana igual de natural que la heterosexualidad.La maldita casualidad hace que el voceo de tan insultante e indeseable pretensión coincida con un incremento de los ataques homófobos en nuestro país, que arroja el alarmante dato de que en Madrid se registren más de 300 agresiones al año por parte de varones, al que se añade la constatación de una disminución en la edad de los autores de estos delitos.

La triste realidad es que la mayor parte de los países del mundo no tiene una normativa que proteja los derechos de los homosexuales, quienes, ante la mutilación de sus derechos, ante la posibilidad de ser encarcelados o incluso condenados a muerte por el solo hecho de sentir atracción, deseo o amor por otra persona, se ven obligados a ocultar su orientación sexual y a vivir sus pasiones y sus sentimientos en la clandestinidad.A día de hoy un tercio de los integrantes de la ONU criminalizan la actividad sexual entre personas del mismo sexo y 45 de ellos aplican correctivos tanto a mujeres como a hombres. La pena de muerte para las relaciones homosexuales está vigente en Irán, Arabia Saudita, Yemen y Sudán, así como en algunas zonas de Somalia y de Nigeria. La organización terrorista Estado Islámico también la impone en los territorios que controla en el norte de Siria y en el noroeste de Irak. En Pakistán, Afganistán, Emiratos Árabes Unidos, Catar y Mauritania la pena capital está técnicamente permitida por una interpretación de la ley islámica, aunque no llega a aplicarse. En otros lugares, como Uganda, Zambia, Tanzania, India, Barbados o Guyana, las relaciones homosexuales se sancionan con castigos que van desde los 14 años de prisión hasta la cadena perpetua. Y en países del norte de África, como Libia, Argelia o Marruecos, las leyes contemplan penas de entre 3 y 7 años de prisión.  

A estos dolorosos datos hay que sumar la situación delos refugiados y de los solicitantes de asilo,que pone de manifiesto el gran vacío internacional existente en materia de protección. Cuando una persona que pertenece al colectivo LGTBIQ huye de la persecución en un país, habitualmente se encuentra con que tiene que hacerlo a un territorio vecino que la trata del mismo modo, en el que no está a salvo y que no le da un acceso igualitario al sistema. En suma, ¿no es un sacrificio la vida cuando a uno se le hace sentir como un pervertido, como un paria o como un delincuente, o cuando directamente es calificado como tal? 

Aunque la palabra “sacrificio” puede causar rechazo o prevención por constituir la ofrenda hecha a una divinidad en señal de reconocimiento u obediencia, o por encarnar la privación o la renuncia que una persona se impone a sí misma en favor de algo o de alguien, o por significar la matanza de animales o de personas por una causa determinada, la extraña alquimia del cine hace que las películas relacionadas con dicho término que se recomiendan en las próximas páginas nos acerquen sin recelo a unos personajes y nos insten a experimentar con ellos su sacrificio. Es la magia del cine, que, al tiempo que nos invita a presenciar situaciones que no deseamos encontrarnos en nuestras vidas cotidianas, que repudiamos fuera de la ficción y que siempre traen pérdida y dolor, hace que durante más de una hora capten toda nuestra atención, distrayéndonos, entreteniéndonos e incluso incitándonos a la reflexión. Que disfruten de la lectura

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